Entrenando en lo cotidiano
Actualizado: 9 abr
Estamos concluyendo el primer mes de este entrenamiento y esta semana se convierte en algo más importante: empezar a vivirlo.
Las semanas anteriores trabajaste presencia, propósito y soltar. Ahora la invitación es simple y retadora a la vez: llevar todo eso a una acción concreta de tu vida cotidiana.
No se trata de añadir una práctica más a tu lista. Se trata de transformar la forma en la que haces algo que ya forma parte de tu día.
Muchas personas con altos niveles de estrés viven incluso sus hábitos “saludables” desde la presión: ejercitarse con dureza, comer bien con culpa, trabajar con prisa, descansar con la sensación de que no deberían hacerlo. Esta semana entrenamos otra forma de relacionarte con la acción: estar presente con lo que haces.
Actividad de la semana
Elige una actividad que esté alineada con los propósitos que reconociste en la semana 2. Puede ser algo sencillo y cotidiano, por ejemplo:
Hacer ejercicio con atención plena, sin competir.
Preparar o comer alimentos con presencia, sin prisa.
Caminar, manejar o trasladarte con atención al cuerpo y al entorno.
Trabajar durante un periodo, sin hacer multitasking.
Descansar conscientemente, sin culpa.
No elijas muchas cosas, elige una para toda la semana. La transformación viene de la presencia, no de la cantidad.
Cómo usar este entrenamiento
Escucha este audio de reflexión.
Mientras realizas tu actividad elegida, pregúntate en silencio: ¿Qué es lo que merece ser atendido?
Y regresa tu atención a la acción o al entorno, las veces que sea necesario. Sin presionarte ni juzgarte por distraerte.
Nota cómo se siente hacer lo mismo, pero con más conciencia. Esta semana no buscamos perfección. Buscamos habitar lo que hacemos.
La práctica tampoco es para escapar de la vida. La práctica es la vida cotidiana.
Seguimos entrenando con atención, intención y propósito.


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