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No entendía que era felicidad interior hasta que esto pasó

5 abr
2 min de lectura

Actualizado: 8 abr

Hace unos 12 años, cuando tenía 21, me importaba demasiado lo que los demás pensaran de mí: mi apariencia, mi desempeño, mi forma de ver la vida. Estaba en el último año de la carrera de psicología y habían varias cosas que me paralizaban: hablar en público, expresar mis ideas, incluso construir una relación de pareja.


Había empezado a meditar un par de años antes. Me atraían las filosofías de oriente y la idea de que somos algo más que el cuerpo y la mente. Pero, siendo honesto, también era una forma de intentar entender por qué no podía estar bien con lo que ya era y con lo que ya tenía. Leía sobre “felicidad interior” como si fuera algo lejano, casi inalcanzable, reservado para quien pudiera sostener años de disciplina.


Después vino la maestría en relajación, meditación y mindfulness. Y ahí todo empezó a tener sentido. Todo lo que había leído y pensado dejó de sentirse abstracto. No porque hubiera encontrado todas mis respuestas, sino porque empecé a relacionarme distinto con la vida. No era cuestión de exigirme más, sino de dejar de presionarme tanto.


Desde entonces, mi forma de vivir cambió. Pasé de intentar convertirme en alguien ideal, a aceptar quién soy y decidir ser fiel a mí. Dejé de forzar caminos y empecé a construir proyectos más reales, más transitables. Direcciones que puedo ajustar si algo deja de tener sentido.


Mi bienestar dejó de depender de cómo me veían los demás y empezó a tener peso cuando estuve dispuesto a hacer lo que realmente quería hacer. Eso me llevó, poco a poco, a enfrentar cosas que antes evitaba:

  • He dado pláticas y talleres para más de 200 personas.

  • He hablado en público cientos de veces.

  • Tuve mi primera pelea de box a los 32.

  • He trabajado con alrededor de 700 pacientes.

  • Aprendí a andar en moto.

  • He construido una relación de pareja estable.

  • He participado en proyectos muy distintos entre sí: músico, colaboraciones en producciones, asesor inmobiliario, host de podcast, coach de box, psicoterapeuta, instructor de mindfulness, facilitador en empresas… y ahora también en formación como analista de datos.


Visto desde fuera, podría parecer que no hay una línea clara. Pero sí la hay. Todas esas experiencias responden a una misma dirección: vivir de forma coherente con lo que me importa. No con lo que “debería ser”, sino con lo que tiene sentido para mí en este momento.


No es un camino limpio. Hay dudas, cambios, errores, crisis. A veces dejo cosas atrás para empezar otras. Pero la base no cambia: ser fiel a quien soy, incluso cuando eso implica soltar versiones anteriores de mí.


Hay una frase de Jack Kerouac que siempre me ha hecho sentido:

“Voy corriendo detrás de una estrella fugaz tras otra, hasta que me hundo”.

No la interpreto como caos. La veo como dirección viva. Para mí, eso es la autorealización: no llegar a un punto fijo, sino seguir moviéndome con honestidad, incluso cuando el rumbo cambia.


Y si esto lo llevas a tu vida, mi pregunta es ¿Estás tomando decisiones desde lo que realmente te importa… o desde lo que sientes que deberías ser?


Te leo en los comentarios.



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